El último trimestre del año suele invitar a empujar: cerrar proyectos, cumplir objetivos, preparar lo que viene. Pero también puede ser un buen momento para hacer algo que no siempre hacemos: parar y mirar cómo estamos viviendo.
En producto, las retrospectivas son normales. Paras, miras qué funcionó, qué no, qué aprendiste y qué quieres cambiar. Nadie lo llama perder el tiempo. Lo llamamos aprender.
En la vida, en cambio, muchas veces seguimos avanzando hasta que algo se rompe: la salud, una relación, un trabajo, una casa, una identidad construida alrededor de un rol.
Y entonces aparecen preguntas que quizá podríamos haber hecho antes, con más calma: ¿me gusta cómo voy? ¿qué quiero conservar? ¿qué necesito cambiar?.
Hacer balance no significa cambiarlo todo ni hacer un drama. A veces significa darte cuenta de que algo sí funciona y permitirte celebrarlo. Otras veces significa ver que algo ya no encaja, te da información para empezar a tomar decisiones.
Para mí, hacer balance se resume en estas preguntas:
- ¿Qué está pasando ahora en mi vida?
- ¿Cómo me hace sentir lo que veo?
- ¿Qué quiero conservar, qué quiero cambiar y cómo quiero cerrar este año?
No hace falta tener todas las respuestas. Pero sí hace falta parar lo suficiente para escuchar lo que ya está apareciendo, porque si no paras nunca, puedes acabar avanzando en una dirección que ya no es tuya.
Yo ahora, al mirar este año, veo que mi foco sigue siendo Kizuna y su desarrollo con IA. Quiero cerrar el año con suficiente experiencia, información y criterio para definir bien mi plan de vida en 2027.

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