10 rutinas que me hacen feliz cada día


Hace algunos años era una persona que siempre estaba preocupándome por el futuro. Todo lo que hacía era pensando en el largo plazo. Me quejaba con frecuencia porque las cosas no salían como yo quería, era bastante tacaña porque quería ahorrar para comprarme una casa, vivía con prisa, siempre pensaba en la próxima semana, mes o año.

En la vida pasan cosas, buenas o malas, a veces categorizarlas no sirve de mucho, simplemente pasan y te llevas algo de ellas. Un día me pasó algo, recibí una llamada de teléfono diciéndome que un familiar muy cercano había tenido un accidente grave. Hacia 24 horas estábamos celebrando su cumpleaños, y sin embargo, de un día para otro su vida cambió radicalmente y la mía también.

Fue una época muy dura. La vida me dió un bofetón que me puso los pies en la tierra, firme como un palo, me recordó que estamos aquí de paso, disfrutando de un viaje lleno de experiencias e incertidumbres.

Aprendí que tenía que vivir hoy y estar preparada si seguía habiendo un mañana.

Aprendí a pensar en el futuro sin privarme de lo que podía disfrutar hoy.

Aprendí a no dar nada por hecho, y esto me hace aprovechar mejor cada cosa que vivo hoy y que a lo mejor no puedo mañana.

Aprendí a valorar detalles del día a día que por muy simples que sean, son maravillosos.

Quiero compartir con vosotros las rutinas de mi día a día que agradezco seguir viviendo, las que me hacen feliz y además, me ayudan a equilibrar mi vida profesional con la personal.

Desayunar sin prisa

Hasta hace unos años mi desayuno era un café con leche y me reía de eso que de que el desayuno era la comida más importante de día. ¡Si con un café estaba como una moto!. No es que me siente a desayunar horas y que no me tiemble la pierna un poco cuando veo que si salgo más tarde pillo atasco, pero no salgo pitando con un café. El desayuno es un momento precioso con mi marido. Hacemos un desayuno completo con su café, tostada y fruta. Nos sentamos en la mesa, charlamos y nos organizamos el día. Son 25 minutos geniales donde todo vuelve a empezar. Un nuevo día una nueva oportunidad.

Pasear con mi perra

Cuando llegó del trabajo por las tardes mi perra se ‘rompe el culo’ de la alegría que le da verme. Se llama Bella. Le tiembla todo el cuerpo y mueve el rabo con una velocidad que creo que se va a partir en dos. Siempre me hace sonreír. Lo primero que hago es ponerme cómoda y salir a dar un paseo con ella. El paseo con Bella es muy agradable porque me limpia de lo que haya pasado en la oficina, es el momento de transición de mi contexto laboral a mi contexto personal. Mi foco, mis tareas y preocupaciones cambian.

Regar las plantas

En verano principalmente suelo comprar varias plantas como son albahacas y algún geranio. Ambos requieren riego frecuente. Cuando llegó a casa de sacar a mi perra tengo un momento súper breve y relajante que aún no soy capaz de comprender. El caso es que coger la regadera, ponerle agua y regar las plantas tranquilamente me llena de paz.

Hacer deporte con frecuencia

Siempre me ha gustado hacer deporte. De hecho fue lo que me ayudó a dejar de ser, una adicta al trabajo, para disfrutar y rendir más en mi trabajo – esto os lo cuento otro día. Solía hacer deporte 2-3hrs a la semana. Desde hace un par de meses he conseguido tener un espacio en casa con una bici y una colchoneta y al tenerlo tan fácil hago deporte 6 días a la semana al menos 40 minutos. Sin lugar a duda, hacer deporte hace que mis baterías se carguen por completo. Da igual lo cansada que este es la actividad que resetea mi cuerpo y mente. Es una inyección de energía que solo si lo has sentido sabes de lo que hablo. Me hace sentir tan bien por dentro, tan ágil, fuerte y viva, que hago lo que sea necesario para sacar este tiempo.

Sofá, serie y manta

Después de cenar y antes de dormir me encanta arroparme con mi marido y mi perra a ver un capítulo de alguna serie. Es el momento de la familia por excelencia, cuando el día está terminando, paramos y disfrutamos de algo que nos gusta a los tres.

Siesta perruna los viernes

Los viernes salgo a las tres de la tarde del trabajo. Llego a casa, como, mi cuerpo sabe que la semana ha sido dura y nos merecemos un descanso. La siesta de los viernes es sagrada. Es un ritual. El caso es que para mi perra también lo es, tanto que está en el sofá esperando a que acabe de comer. Cuando me ve andar hacia el sofá, mueve el rabo, yo cojo la manta, ella se mete dentro conmigo y a hacer legaña.

Desayunar en mi cafetería favorita

El fin de semana tiene un detalle especial respecto a los días de diario. Siempre que se puede, aprovechamos para salir a desayunar a nuestra cafetería favorita, la barrita con tomate esta deliciosa y aprovechamos para pasear a Bella también. Bien el sábado o el domingo, hacerlo uno de los días me encanta ya que es nuestro plan fijo en familia y luego ya ¡lo que surja!.

Leer en silencio

Recuerdo que antes leía con prisa y con algo de ansiedad. Quería aprender mucho y rápido, por lo que leer era una obligación más que un placer. Desde que me cambio el chip procuro tener varios momentos a la semana para sentarme y leer en silencio, entendiendo bien cada línea del libro, asimilándolo y relacionándolo con lo anterior. Da igual sin son 20 minutos o 1 hora, pero leer sin ruidos, con un papel y boli a mano me resulta un auténtico placer.

Pintarme las uñas los domingos

Esto es bastante personal y me había planteado si debía contarlo o no, pero es que es una rutina que genera una desconexión total con todo lo que me rodea. No me hago una manicura de centro de estética ni mucho menos, es más el tener las manos y uñas cuidadas. El caso es que cuando hago esto no pienso en nada, ni en cosas del trabajado, no en cosas personales, me quedo absorta mirando que no me pinte los dedos más que las uñas, aunque estoy haciendo algo, mentalmente el esfuerzo es tan mínimo que siento que hago ‘nada’. Me encanta.

Escaparme a la playa

Esto no es una rutina diaria pero si puedo lo hago cada cuatrimestre. Tengo la suerte de tener unos padres con un apartamento en la costa valenciana. Escaparme un fin de semana para ver el mar, olerlo, pasear por la arena de la playa y respirar ese aire tan fresco es mi mejor medicina. Llevo más de 20 años yendo al mismo sitio y cada vez que lo repito doy gracias por poder seguir haciéndolo.

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Si os fijáis, casi todas las cosas que os cuento están al alcance de muchas personas, es cuestión de cómo inviertas tu tiempo y como te conozcas para encontrar estos momentos que te llenan, por muy simples que te parezcan. Lo importante para mí ha sido no necesitar grandes cosas para tener un día maravilloso, de hecho lo mejor que me ha pasado es aprender a valorar cada sencilla rutina de mi vida, a saber estar presente en cada momento, aprovechar lo que hoy puedo oler, tocar, saborear y sentir, mañana ya veremos.

Estas rutinas han tenido un gran impacto en mi, en mis relaciones con otras personas y en mi vida profesional. Han mejorado mi efectividad personal en todos sus contextos gracias a sentirme mejor y valorar el tiempo del hoy.

Ojalá lo hubiera aprendido antes y de otra manera, sea como fuere, me quedo con el cambio positivo que ha generado en mi.

¿Me cuentas cuáles son tus momentos del día a día que te hacen sentir así de bien? Me gustan mis rutinas pero más aún poder descubrir nuevas.