Hay una frase que aparece con bastante frecuencia en mi cabeza: «No quiero molestar».
A veces me hace no pedir ayuda cuando la necesito, rechazar una invitación o posponer un plan porque pienso que quizá estoy ocupando demasiado espacio en la vida de otra persona.
Esto lo siento desde hace mucho tiempo y generalmente he elegido buscarme yo la vida, no depender de nadie y evitar incomodar.
Pero en las últimas dos semanas me he encontrado con varias situaciones en diferentes contextos que me han hecho prestar atención a este patrón.
Dejarme cuidar
Al volver de mi último viaje a Madrid, después de acumular semanas de trabajo, interacciones familiares, falta de sueño y poco espacio para mí, mi cuerpo me pidió parar en serio, acabé colapsando.
Necesitaba descansar, recuperar energía y cuidarme. En estos casos me quedo en cama, me aíslo, hago un “back to basics”: dormir, comer sano, estar en casa sola.
Un amigo insistió en visitarme a casa. Me resultó difícil mostrarme tan vulnerable delante de otra persona, pero al mismo tiempo recibí un cariño que me hizo muchísimo bien.
Dejarme acoger
Tengo una pareja de amigos que llevan años invitándome a visitarles en Barcelona y quedarme en su casa. Siempre me había hecho ilusión, pero también me daba apuro aceptar. No quería molestar o alterar sus rutinas, su espacio.
El fin de semana pasado tenía un festival de salsa y decidí aprovechar el viaje para pasar unos días antes con ellos.
Me sentí muy cómoda en su casa, acogida y cuidada. Compartimos comidas, conversaciones, salimos a bailar y disfrutamos de esos momentos cotidianos que, cuando los vives, te llenan el alma.
Y fue precioso. Me alegré muchísimo de haber aceptado aquella invitación, y al mismo tiempo, me arrepentí de no haberlo hecho antes.
Dejarme ayudar
Algunas personas que han conocido Kizuna me han ofrecido compartir ideas y dedicarme un rato para ayudarme con el proyecto.
Mi primera reacción fue pensar: «¿Y si estoy ocupando tiempo que podrían dedicar a otras cosas?».
Finalmente, acepté algunas de esas conversaciones. Una de ellas, en particular, me ha aportado nuevos puntos de vista sobre branding, marketing y ventas, áreas en las que sé que todavía tengo mucho que aprender y mejorar.
Me he encontrado con nuevas ideas, preguntas y un montón de cosas que tengo ganas de hacer. Aunque lo más importante ha sido la gratitud de saber que hay personas dispuestas a compartir su conocimiento y su tiempo conmigo.
¿Y qué hago con mi voz interior?
Al mirar estas tres situaciones juntas, veo algo que antes me costaba reconocer.
La misma voz aparece en contextos muy diferentes:
- Cuando necesito que alguien me cuide.
- Cuando alguien quiere ayudarme a desarrollar algo importante para mí.
- Cuando alguien me invita a compartir su tiempo y su espacio.
Y yo me pregunto:
- ¿Qué pasa si no estoy molestando?
- ¿Qué pasa si esa persona realmente quiere estar ahí, compartir su tiempo, ayudarme o acompañarme?
A veces damos tantas vueltas a lo que podemos estar ocupando en la vida de otras personas que dejamos de prestar atención a lo que también quieren ofrecernos, y lo peor (en mi opinión), acabamos tomando decisiones por ellas: decidimos que no tienen tiempo, que les estamos pidiendo demasiado o que aceptar su invitación supone una carga, sin darles siquiera la oportunidad de elegir.
Ahora quiero prestar más atención a esa voz cuando aparezca, no la quiero ignorar, la quiero cuestionar. No quiero seguir perdiéndome experiencias, conversaciones y muestras de cariño por anticiparme a una molestia que quizá solo existe en mi cabeza.
Yo amo estar al lado de las personas, acompañarlas y ayudarlas cuando lo necesitan, mi proyecto Kizuna nace de esta pasión. Pero estoy aprendiendo que las relaciones también necesitan espacio para recibir.
Este es también un tema que trabajo con las personas a las que acompaño en Kizuna. A veces construimos límites que creemos que nos protegen, pero que terminan limitándonos: nos impiden pedir ayuda, aceptar lo que otros nos ofrecen o permitirnos construir relaciones más cercanas.
Así que mi conclusión es que no voy a hacerme más pequeña para no incomodar a los demás, voy a permitirme ocupar también mi espacio en sus vidas.

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