Una familia estando de vacaciones, acude a un restaurante para comer. Cansados de ir de un lado a otro, de haber picado en algún bar de mejor y peor calidad, deciden pararse por fin y comer en condiciones.

Sentados en la mesa, el camarero se acerca y les toma nota. La familia desea comer paella de marisco. El camarero les indica que la elección es perfecta, que el tiempo medio de la paella, sin haberla encargado previamente, es de 45 minutos. El camarero les pregunta si desean algo de entrante para picar hasta que el plato principal llegue.

Una paella por favor

Resulta que la familia, no puede esperar tanto tiempo, tienen que ir a un museo a una hora cerrada y con esta espera y el tiempo que lleva la comida, no llegan. Preguntan al camarero, si en vez de ser una paella de marisco, una de pollo tardaría menos. El camarero indica que en este caso serían 35 minutos, pues deben tener en cuenta el sofrito y posteriormente, tiempo de cocción del arroz para que llegue a su punto adecuado. Para la familia no es suficiente, y le piden al camarero que, no se complique, pongan el arroz, se ahorren el sofrito, pues con unas chirlas y chipirones, seguro que con la fama del restaurante, la paella estará deliciosa y así, la comida estará en unos 25 minutos. En este instante, el camarero, fiel a su trabajo y compromiso con el restaurante, indica a los clientes que, la combinación que proponen es posible pero no será una paella deliciosa, pues puede que el arroz se quede algo duro y sin el sofrito el sabor perderá bastante.

Entre unas cañas y alguna tapa, aparece la paella. Se sirve. La familia empieza a comerla. Los comentarios no se hicieron esperar: “no esta mal”, “se puede comer”, “está bien… nos vale… si tenemos prisa”.

La cuestión es, ¿cómo hablara esta familia del restaurante con uso amigos? ¿qué experiencia contaran? ¿dirán que la paella no era lo que esperaban por su prisa?.

El tiempo que dedicamos a una tarea, y cómo hacemos uso de ese tiempo, es el que define que el resultado que obtenemos sea malo, regular o bueno.

Cuando ese tiempo es conocido, y la decisión que se toma es acotarlo como sea, nunca, jamás, podremos decir que el resultado llegue a ser bueno, con un poco de suerte, quizá, pueda ser algo aceptable, según los ojos que lo miren.

No siempre está en nuestra mano el poder de elegir ese tiempo, pero sí el de explicar los resultados que habrá en función de la decisión que se tome y que ambas partes, sean conscientes de ello.

Como dice el refrán:

El que avisa, no es traidor

Como diría una mujer:

Te lo dije

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