La semana pasada escribí un tweet y me animó a escribir un post Antonio de la Torre. Es corto, pero lo suficiente para que nos haga reflexionar.

Decir algo que te parecería una tontería y que alguien te diga que es una idea genial.

Trasladaos un poco al pasado, a la época del colegio, cuando después de que el profesor explicara una lección decía: “¿alguno tiene alguna duda o pregunta?”. La mayoría nos callábamos, con dudas, pero callados no vaya a ser que parezcamos tontos por no habernos enterado. Pero alguien sí se atrevía a preguntar, a expresar aquella parte que no le había quedado clara o ver si alguna de las conclusiones sacadas era correcta. Y el profesor decía: “Muy buena pregunta Jaimito”. ¿No sentíais a veces que no habría pasado nada por haberla hecho tú?

Esto puede habernos pasado en el futuro, siendo más mayores, algunos han podido perder esa vergüenza pero otros no.

¿De dónde ha salido ese miedo a preguntar dudas? ¿Acaso tener una duda era equivalente a no haber prestado atención? ¿O tener menos capacidad de comprensión? Es cierto que el colegio puede ser una época dura. Con el paso del tiempo, la madurez, nos hace tener más criterio. Tener dudas no es nada malo, es un síntoma de querer aclarar algo para no guardar en tu cabeza una información difusa o incompleta.

Y ahora os pregunto, ¿nunca habéis pensado algo que es una locura? ¿alguna iniciativa que os ha parecido una tontería? ¿nunca os habéis dicho a vosotros mismos?: “se me va la cabeza algún día”, “esto no es nada interesante así que mejor ni lo digo”. Y nos callamos. Y una idea que puede ser brillante se oculta en nuestra mente. Y una idea tonta también, pero a veces una idea tonta abre el camino a una idea interesante.

Yo siempre me callaba, siempre apuntaba la duda en mi cuadernos del colegio para ir a una tutoría con el profesor, siempre pensaba que lo que se me habia pasado por la cabeza era absurdo, no iba aningún lado, no tenía sentido. Hasta que un día, pregunté en voz alta y no pasó nada. Comenté una idea y no estaba loca. Escribí artículos en este blog y a algunas personas les resultaron útiles e interesantes. Dije algo que me parecía absurdo y una persona abrió los ojos diciendo “¿cómo no se me había ocurrido antes?”.

Creo que ese silencio puede ser temor a ser juzgados, a quedar mal, pero, ¿quién no se equivoca? ¿quién acierta a la primera? ¿cuántas veces hay que equivocarse para acertar? y cuando aciertas, es como si todos los errores no hubieran existido.

Me pregunto cuantas ideas brillantes, se han quedado en el olvido de nuestras mentes, y cuántas ideas increíbles están por llegar, para aquellos que se animen a romper su silencio y temor a expresar sus inciativas.

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