Hace algunos meses me ofrecieron hacerme coaching personal. Soy una persona bastante exigente conmigo misma y lo primero que se me pasó por la cabeza fue: “¿qué me ves tú que no me veo yo? ¿acaso me pasa algo?”. Luego sencillamente me dije: adelante, cualquier momento es bueno para descubrir más de una misma y superarse.

Las primeras sesiones no eran muy profundas, más bien tomas de contacto y reconocimiento del terreno, pero poco a poco se tocaron situaciones vividas, emociones y sentimientos que eran íntimos. El caso es que era consciente de la importancia de la sinceridad si quería sacar provecho de esta experiencia. Creo que esta ha sido la parte más difícil, abrir mi interior a un desconocido.

Me he llevado tres grandes lecciones que a día de hoy me hacen mejor en lo personal y profesional.

Acepta las cosas como son y luego intenta mejorarlas

Cuando veía algo que no estaba bien, directamente me ponía en modo “esto no puede ser así” y empezaba a intentar cambiarlo. Algunos cambios son complejos de gestionar, llevan tiempo, puede que ni siquiera lo consigas y el proceso causa mucha frustración. Con mi actitud, la frustración empezaba inmediatamente.

Ahora cuando veo algo que no funciona bien, acepto que a día de hoy es así, y que mi intervención puede servir para mejorarlo o no. He aprendido a establecer un punto de partida aceptando lo que hay y no desde el rechazo.

La perfección es subjetiva

Me gusta hacer las cosas bien, sea lo que sea, procuro que su resultado sea perfecto. Pero claro, mi definición de perfecto es eso: mía. Lo que yo considero perfecto para otros puede quedarse corto, largo o en su misma medida. Cuando algo no me sale perfecto me siento molesta, me pregunto qué ha pasado, cómo hacerlo perfecto la próxima vez…

He aprendido que la perfección es subjetiva, que mis proyectos no son imperfectos sino casi-perfectos, valorando así el esfuerzo y trabajo realizado.

Hay metas que se persiguen en tu subconsciente

Un día hablábamos de situaciones hipotéticas, contarnos lo primero que se pasa por la cabeza, y le conté una breve historia: “me apetece verano, estar en el jardín de mi casa haciendo una barbacoa con mi perro revoloteando”. En ese momento ni era verano, ni tenía un jardín y menos un perro, pero 4 meses después sí.

He aprendido que algunas metas de tu vida, aparentemente no las persigues en tu día a día, sino que vas dando pasos poco a poco en la dirección adecuada. Cuando llega el momento adecuado tienes que saber aprovecharlo y convertir lo que era un sueño en una realidad. Este verano habrá jardín, perro y por supuesto barbacoa.

Ten cuidado con lo que deseas no vaya hacerse realidad

Coaching_DiegoRojas_VanesaTejada

Tengo que dar las gracias a Diego Rojas, un colega laboral que ha pasado a ser alguien muy especial, sin duda la persona a la que acudiré cuando vuelva a sentir la necesidad de superar mis barreras, descubrir más de mi y crecer.

Gracias Diego por acompañarme en este proceso, hoy soy un poquito mejor.

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