Hace un par de semanas compartía lo feliz que estoy de poner en marcha varias iniciativas de mejora en los diversos equipos y roles con los que trabajo, con el objetivo de tener en cultura común para hacer producto. Aproveché ese artículo para contar cómo estamos entendiendo las iniciativas: definición, ciclo de vida, visibilidad y gestión de expectativas de las mismas.

Unos días después tuve un par de videoconferencias con antiguos compañeros, porque la verdad, me acuerdo mucho de ellos, han sido 10 años juntos, hay una excelente relación profesional, pero también un gran cariño personal. El caso es que poniéndonos al día les pregunté por algunos temas para saber si seguían vivos o no. Sólo mencionaron uno de ellos diciendo que seguía vivo, eso me alegró, aunque después me llevó a una profunda reflexión: ¿qué significa que sigue vivo? ¿es esto bueno o malo para la empresa? ¿he dejado un buen legado?… Con ello llegué a una conclusión:

Las iniciativas de mejora necesitan un cambio continuo en el que mueran o se itere sobre ellas.

Que las iniciativas mueran

Cuando se identifica un dolor u oportunidad, se busca una manera de mitigarlo, con ello se define una iniciativa y se lleva a esos puntos de dolor u oportunidad. Al igual que en un producto no queremos tener una funcionalidad que vemos no tiene impacto en el cliente ni negocio, no queremos iniciativas que no impactan en nuestra cultura de trabajo, y en ese caso, si no vemos la posibilidad de iterar sobre la misma, es mejor dejar de trabajar en ella. Que una iniciativa de mejora muera, es un éxito para mí, al final se intentó y no aportó valor, por tanto lo que no suma entonces sobra. Me gustaría que, algunas de las cosas que propusimos en el pasado, hayan muerto, de verdad, porque significa que alguien se cuestionó su impacto y tomó alguna decisión al respecto – inspect & adapt. El único riesgo que le veo a estos casos, si la organización no ha trabajado seriamente su mejora continua antes, es que una iniciativa que muera pueda impactar negativamente en la energía de otras que están en curso o pendiente de ser llevadas a los equipos, un posible: “si es que esto no no va a funcionar…”.

Que las iniciativas iteren

Al igual que comentaba al inicio de la sección anterior, tan importante es que una iniciativa muera, como que sea el punto de partida de otra. En estos casos siento que la iniciativa sí ha tenido un impacto y al cuestionar el mismo, el feedback ha servido para hacer ajustes sobre la misma y seguir probando. Lo que me parece maravilloso de estos casos, es que a diferencia del riesgo mencionado antes, las personas han visto un aporte de valor, quieren más, y ven que de ellos depende cómo seguir por lo que la implicación en la mejora continua es mayor y más satisfactoria. Las iniciativas sobre las que se itera, ayudan a que las personas y organizaciones pierdan un posible miedo a probar cosas diferentes, a descubrir de lo que realmente son capaces, si se lo proponen, y dedican tiempo operativo a cuestionarse cómo hacer un poco mejor su trabajo, la manera en la que aportan valor al cliente.

Que las iniciativas mueran o se iteren pero no se queden como partieron.

Ojalá, cada una de las iniciativas en las que colaboré en mi anterior empresa, estén a día de hoy muertas o en un estado diferente, para mí significaría que mis compañeros siguen cuestionándose cómo hacen producto, siguen experimentando, siguen aprendiendo.

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